Utopía

Nada mas y nada menos, aquí estoy, solo como quizás Dios me trajo a este mundo. Pero no pertenezco aquí, mi vida se encuentra en un universo paralelo. Acompáñame en esta
Loca aventura...
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"A solas" (Cuento Propio)

“El espanto es el signo del fantasma.” Pascal Quignard.

Concentrado enteramente en mi trabajo, y con la farmacia vacía, me di cuenta que el aire acondicionado hacia un ruido fuera de lo común, mientras mis dos compañeras desayunaban en el fondo del pasillo y yo seguía guardando los pedidos del día anterior, era una fría mañana de otoño, el frío se sentía hasta en mis profundos huesos.
Como era de costumbre, al ser tan temprano, los clientes aun no se aventuraban a venir, por ende el shopping estaba vacío, pero esa mañana todo cambio, mientras aun seguía con mis deberes, pude notar la llegada de una mujer alta, delgada, con pelo negro en mal estado y con dos bolsas bien grandes llenas, era una mujer espantosa.
La saluda desde lejos para ver que se le ofrecía, pero no me escucho, la salude de nuevo, pero no emitía sonido, solos se había quedado inmóvil y recta, observando un punto fijo.
Me aproxime hasta donde ella se encontraba, y el terror inundo mi corazón, la mujer con sus dos manos temblando y repitiendo unas palabras en voz baja, las cuales no pude oír, parecía un cadáver parado, cuando por fin estuve frente a ella,  saliendo de su estado solo me respondió “Estoy mirando”, esas simples palabras, directas y si emitir otra, “Cualquier cosa, solo llámeme” le conteste y seguí con mis cosas.
Las medicamentos a guardar eran interminables, pero no era esa mi principal preocupación, la mujer aun seguía allí parada sin hacer nada, la situación se volvió perturbarte, así que decide ir al pasillo donde se encontraban mis compañeras y avisarles de la extraña situación, mientras una de ella llamaba a seguridad, la otra me acompaño de regreso al mostrador, pero la mujer se había ido, había desaparecido y solo dejo sus dos bolsas grandes en el suelo.
La señora se marcho, no había peligro alguno, ni preocupaciones,  pero sus dos bolsas me intrigaban mas de la cuenta, cuando me acerque a verlas, la televisión interrumpió mi acción, informando la aparición del cuerpo de una mujer que había estado desaparecido hace aproximadamente dos semanas, la cual tenia la misma descripción y rasgos de aquella mujer que nos había visitado aquel día, el forense confirmo la muerte súbita, pero no se informo el paradero sobre sus dos hijos desaparecidos también, por lo cual, decidí terminar lo que había empezado, y al ver el interior de las bolsas, la angustia y el terror se apoderaron de mi, desde el oscuro y siniestro interior, yacían el cuerpo de dos niños pálidos, duros y sin vida.

"Cultura en soledad" (Cuento Propio)

“Quien mal anda, mal acaba”.

Nos levantamos bien temprano esa mañana para dar un lindo paseo cultural con mi tío Francisco, pasamos del Tortoni al Barolo, del Malba al Palais de Glace, y finalmente, luego de un refrigerio, decidimos entrar al centro cultural. Imponente, enorme, un verdadero espacio para el arte y la imaginación.
Al entrar, tuvimos que aguardar la fila para comprar la entrada, sin embargo, al llegar a la cabina, nos dimos cuenta que el encargado de vender las entradas, se había ido. En lugar de el, desde el oscuro fondo de la cabina, se acerco un hombre de aspecto viejo, alto, delgado, con ojos saltones y un pelo blanco descontrolado. Sin emitir una palabra por parte de el, le preguntamos cuando costaba la entrada, y luego de un profundo silencio, nos dijo simplemente que para nosotros la entrada era totalmente gratis, y luego de eso, se retiro y nosotros un tanto sorprendidos, entramos directo por la puerta principal.
Al entrar vimos un mural de bienvenida, con imágenes de dibujos azules en fondos blancos, era una tradición del lugar, ya que fue la primera pintura que se había exhibido. Seguimos avanzando por el pasillo, hasta que llegamos a la primera sección, donde la muestra trataba de fotografía, como siempre, Francisco alardeaba sobre sus conocimientos artísticos y me otorgaba sus sermones llenos de palabras y frases que ni el entendía. Su voz seguía disparando palabras, pero mi mente no captaba nada, estaba anclada en una de las imágenes que estaba observando, un hombre, delgado, viejo y desnudo, con estilo de blanco y negro, y una mirada triste y directa, sentí como si me estuviera queriendo decir algo.
Visitada toda la 1era sección, nos aventuramos a entrar en la segunda, esta, a diferencia de la otra, trataba sobre pinturas y garabatos sin sentido, obras locas y exaltantes. Lo mas extraño fue ver que estas no tenían firma, de autor, eran de origen anónimo, la extraña combinación de los colores y el ruido del viento proveniente de la ventana, generaba la sensación de estar en un mundo psicodélico y surrealista, con toques de terror y demencia.
Casi hipnotizado por la obra central, pude darme cuenta que Francisco se había ido hacia la ultima sección, por lo cual, decide hacer lo mismo, mientras iba caminando, sentí como si todo lo visto hasta el momento se desvanecía hacia la nada, pero la voltear, todo seguía igual, solos obras que miraban directo a mis ojos sin presentar rasgos de vida alguno.
Mientras me dirigía por el pasillo, note que las paredes comenzaban a tomar un color negro, del tipo suciedad, y la luz iba disminuía conforme yo avanzaba en mis pasos, algunas personas venían del interior de la sala, pero no venían con sonrisas o algún signo de felicidad, largas caras con lagrimas en sus ojos, serias y algunas con la cabeza abajo, caminaban y caminaban sin parar. Estando a uno pocos pasos de la entrada a la sala, Francisco, salio de su interior, me miro y me dijo, -La obra es perfecta, te penetra, te absorbe, te posee.-, y siguió su camino.
Le habrá gustado demasiado, pensé, mi entusiasmo y mi curiosidad acompañaron mis ganas de abrir la puerta, al entrar, la curiosidad se torno misteriosa y el entusiasmo se convierto en miedo puro, a lo largo de la sala, se podían observar cientos de cuadros con las personas que había visto salir del interior de la muestra, pero no eran simples pinturas, las siluetas se encontraban en situaciones mortales, colgadas, con sangre, en acto de suicidio, llorando, gritando, era una locura, pero eso no era lo peor, en el fondo se hallaba el retrato de Francisco, cubierto de sangre y con el rostro blanco. Entrando en pánico, salí inmediatamente de ahí, pero un cuadro mas llamo mi atención, toda mi atención, era mi cuadro, mi pintura, pero a diferencia de las demás, la mía estaba feliz, contenta, alegre. Cuando alce mi mano para tocarla, todo se oscureció.
Y luego desperté, inmóvil en el marco, viendo como mi retrato apreciaba mis colores y mis pinceladas, mientras comentaba sobre la obra, me miro con una sonrisa perversa y se alejo por el pasillo, mientras yo aun espero a que el vuelva.