"El encuentro" (Cuento Propio)

"Pero...Si Dios es más fuerte que el diablo, ¿Por qué Dios no mata al diablo y así él no hará más hombres malos?"

Daniel Defoe. Escritor, periodista y panfletista inglés (1659 y 1661 - 1731).

La puerta se abrió dando luz a todos los oscuros rincones del lugar, aquel sitio que había sido el hogar de un sin fin de insectos y animalias, los cuales ahora se veían amenazados por las nuevas visitas que tan pronto comenzarían a adueñarse del lugar.
Un sombrero marrón, un casual saco y un pequeño maletín eran las únicas pertenencias que poseía Benjamín en aquel momento, sabia en su interior que esta nueva oportunidad era lo que realmente necesitaba para seguir adelante. El consejo le había advertido que el lugar llevaba abandonado mucho tiempo y que debido a la falta de personal, nunca había sido remodelado ni modificado. Cuando Benjamín ingreso por la entrada principal, su nariz comenzó a entumecerse debido al olor de encierro y poca vida que reinaba en el establecimiento. Rápidamente se acerco hasta el interruptor de corriente que, estando en estado obsoleto, no hizo más que un simple destello para apreciar el mal estado de todo el lugar y dejarlo nuevamente en las tinieblas.
La idea era simple, trabajar algunos meses como para poder conseguir un lugar para poder estar y seguir con su futura exitosa novela.
Su mayor inspiración era llegar a ser un escritor famoso y reconocido y logrando así escaparse de su oscuro pasado, pero para ello necesitaría dinero y espacio.
El trabajo constaba en entregar o recibir cajas con productos de limpieza, los cuales Benjamín debía controlar, algo simple pero necesario.
No tardo nada en entender el funcionamiento de los procesos y de cómo hacer sus labores. Lo único malo era el horrible lugar en el cual tenía que estar, un galpón sucio y casi abandonado, con paredes escritas o manchadas, sectores oscuros impenetrables y un horrendo frió abrazador.
Algunos días el trabajo se extendía y debía quedarse algunas horas más. Debido al oscuro y frio invierno, las pocas luces que estaban en la calle no alcanzaban a iluminar algunos cuartos, dejando a Benjamín en la sala principal y contando solo con un farol de mano que con mucha suerte encontró en la sala junto a una extraña y peculiar máquina de escribir. Benjamín no le dio importancia, puesto que el solo escribía a mano y había llegado a ese lugar solo para trabajar.
Cierto día mientras se encontraba cerrando unos balances, alguien golpeo su puerta, Benjamín se sorprendió ya que era muy tarde aquella noche y si fuera el no saldría con la ola polar que atormentaba la ciudad. Se acerco hasta la puerta y miro a través de la mirilla, pero no había nadie. Volvió a sentarse a seguir con su tarea, hasta que nuevamente alguien golpeo la puerta, se acerco hasta ella, pero nuevamente no había nadie, solo el correr del viento frio y el sabor oscuro de aquella solitaria noche.
El cielo había arrojado una enorme cantidad de agua y los caminos que accedían al galpón estaban inundados. Era imposible salir o entrar.
Benjamín no tuvo más opción que pasar la noche allí, armándose una cama con algunas sillas y su triste saco.
Esa misma noche Benjamín no logro consolidar el sueño debido a las horrendas pesadillas que atormentaron su descanso, entre las tantas que sufrió solo una fue lo suficientemente perturbadora, en ella el se encontraba en medio de un campo, desnudo y cubierto de sangre. Buscando algún refugio y/o ayuda se topo con una niña llorando sobre la orilla de un rió, al acercarse hasta ella para conocer el motivo de tu tristeza, la pequeña inclino su rostro hacia él, pero su rostro, el rostro que Benjamín desearía nunca haber visto o soñado, estaba, al igual que él, cubierto de sangre y como si fuera poco, dos enormes ojos negros que fijamente se clavaban directo hacia él. Una pesadilla tan terrorífica y turbia que hizo que Benjamín despertara sudado y con una sensación de muerte que le recorría todo el cuerpo. Mientras se recuperaba, noto que un pequeño ruido provenía de la sala contigua.
Benjamín tomo su farol y se acerco lentamente por el pasillo frió y oscuro que conducía hacia dicha habitación, al momento de llegar noto que en una de las esquinas, una pequeña niña se encontraba llorando, aparentemente asustada y perdida.
Benjamín se sorprendió al pensar como aquella pequeña tuvo acceso a la habitación, sabiendo que la única forma de ingresar a ella era por la puerta principal, pero más aun se sorprendió al ver que aquella niña, al girar su rostro, era exactamente igual a la de su sueño.
Benjamín no pudo contener la respiración, soltó el farol al suelo y corrió directo hasta la habitación en donde previamente se encontraba, cuando quiso echar un vistazo, aquella niña ya no estaba más, solo un pasillo oscuro y frió, con una pequeña luz de fondo.
Aquella horrible situación genero una sed de escritura, acompañados con una imaginación y calidad excepcional.
Benjamín comenzó a escribir cientos de líneas sin cesar un minuto. Una tras otra iban conformando grandes párrafos con sentido e interés, que hasta el propio Benjamín no lograba creer.
Por su mente ahora transitaban gran cantidad de pensamientos e ideas, que rápidamente volcada en aquellas blancas y un tanto arrugadas hojas.
La imaginación y la creatividad se habían apoderado de Benjamín, a tal punto que no lograba despegarse de la maquina, al querer intentar dejar de escribir, sus manos se aferraban aun mas y con mucha más velocidad. Benjamín comenzó a notar un fuerte dolor es sus articulaciones que rápidamente se transportaron a todo su cuerpo, sus dedos comenzaron a sangrar, vistiendo de rojo todas las hojas, la maquina y el escritorio. Juro por todo lo que mas quería que terminara ese festín de castigo, que ya no lo soportaba mas. Cuando sus manos ya casi estaban en sus últimas, un fuerte grito se oyó en toda la habitación y el todo el dolor que Benjamín sentía finalmente acabo.
Admirando sus manos no pudo percatarse que un hombre alto vestido de traje estaba parado junto a él y como era obvio, Benjamín no tuvo el coraje ni la valentía para mirarlo a los ojos.
Aquel horrendo y espeluznante hombre simplemente coloco su mano sobre el hombro de Benjamín y muy cerca a su oído le susurro que era hora de terminar la novela.